Chikungunya in Cuba

Hubo una vez un hogar de ancianos

Hubo una vez un hogar de ancianos
Al preguntar a la que hacía guardia en el hogar Manuel Aneiro Subirat,
¿cuando lo abren? Me respondió: “Mire, señor, lo importante aquí es la
batalla contra el dengue y la fiebre chikunguya. Lo demás puede esperar”
martes, julio 15, 2014 | Orlando Freire Santana

LA HABANA, Cuba -Durante la reciente reunión de la Comisión de Salud y
Deporte del Parlamento cubano se trató la situación que presentan las
casas de abuelos y hogares de ancianos. Varios diputados expusieron que
muchos hogares de ancianos se encuentran inutilizadas debido a problemas
constructivos. Y esto ocurre, sobre todo, en las provincias de La
Habana, Villa Clara, Ciego de Ávila, Mayabeque, Santiago de Cuba y
Guantánamo.

A pesar de haberse asignado 66 millones de pesos para la reparación y el
mantenimiento de esas casas y hogares, y de las declaraciones de las
autoridades del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), en el sentido de
lo prioritaria que resulta la atención a las personas de la tercera
edad, la realidad muestra muy pocos avances. Basta ver la destrucción
del hogar de ancianos Manuel Aneiro Subirat, en el capitalino municipio
de Plaza de la Revolución.

En días pasados, al pasar frente a ese hogar de ancianos, advertí que
dos empleadas hacían guardia en la única porción de la edificación que
se mantiene en pie, eludiendo el caos de escombros y cabillas retorcidas
que se aprecian por todas partes. Decidí acercarme para indagar sobre el
presente y el futuro de esa instalación. La misión de las empleadas es
custodiar parte del mobiliario que se usaba en el hogar, con la
esperanza de que algún día la instalación reabra sus puertas. Otra ha
sido la suerte de ladrillos, bloques y otros materiales constructivos
reutilizables, los que han sufrido el “canibaleo” de personas que acuden
con carretillas y otros medios de transporte.

El deterioro de este hogar era tal, que tuvieron que demoler parte de
sus edificaciones, con la presunción de que pronto llegarían los
recursos para remozar las que parecían que tenían salvación. Sin
embargo, ha pasado más de un año, y no ven indicios de que estñen por
llegar.

Los ancianos que vivían en el Manuel Aneiro Subirat fueron trasladados a
otros hogares. Pero los abuelos que poseían un estatus de seminternados,
o sea, que entraban en la mañana y salían a las seis de la tarde, les
daban desayuno, y almuerzo, hasta que sus familiares regresaran de las
ocupacione, quedaron desatendidos.

Al preguntar a las empleadas que hacían guardia ¿cuándo abren el Manuel
Aneiro Subirat? Se miraron incrédulas. Al fín, una de ellas me
respondió: “Mire, señor, lo importante aquí es la batalla contra el
dengue y la fiebre chikunguya. Lo demás puede esperar”.

Pensaba en la triste suerte de este hogar de ancianos, cuando escuché
que Raúl Castro felicitó al titular del MINSAP, Roberto Morales Ojeda,
por su desempeño al frente de la asamblea anual de la Organización
Mundial de la Salud. De igual forma, otros diputados alababan la labor
de los médicos cubanos en el exterior. Y me convencí de que a la salud
pública cubana le es aplicable aquel viejo refrán: candil de la calle y
oscuridad de la casa.

Source: Hubo una vez un hogar de ancianos | Cubanet –
http://www.cubanet.org/actualidad/actualidad-destacados/hubo-una-vez-un-hogar-de-ancianos/

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